El momento que la define
En 2017, Mette Lykke acababa de vender Endomondo a Under Armour por 85 millones de dólares y de dejar su rol como VP en la compañía estadounidense. Tenía opciones: una carrera ejecutiva en una gran corporación tecnológica, lanzar su propia firma de inversión, empezar algo desde cero con capital y reputación propios. En cambio, aceptó ser la CEO de una startup danesa con cinco empleados que estaba salvando unos mil alimentos del desperdicio por día.
La decisión tiene mérito precisamente porque no era la obvia. Too Good To Go no era un proyecto con tracción probada ni una oportunidad de retorno inmediato. Era una apuesta por una tesis: que existía un mercado masivo, en toda Europa, de personas dispuestas a pagar por comida sobrante si el proceso fuera suficientemente fácil. Lykke apostó a eso cuando nadie lo había demostrado a escala. Hoy la plataforma salva 350.000 comidas al día, opera en más de 19 países y tiene más de 120 millones de usuarios registrados. Esa apuesta, y la disciplina con la que la ejecutó, es lo que mejor la define.
De dónde viene y qué la formó
Mette Lykke nació en 1981 en Ringkøbing, Dinamarca, en una familia con historia de emprendimiento propio. Su abuelo fundó una cadena de ferretería y madera en 1947. Ese contexto importa: Lykke no descubrió el emprendimiento como una opción de carrera, lo trató como un modo de vida desde temprano. A los 12 años ya trabajaba y ahorraba; los primeros ingresos fueron a parar a inversiones en bolsa, con la guía de su padre.
Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Aarhus y entró a McKinsey, donde pasó varios años antes de tomar la decisión que ella misma describe como su primer gran salto: dejar la consultora en 2007 sin plan de negocio, sin idea clara y sin red de seguridad, junto a dos colegas. «No vas a esperar el momento del relámpago», dijo años después. «Una vez que decides ir, encuentras algo. Porque tienes que hacerlo».
Lo que fundó ese año fue Endomondo, una comunidad de fitness en móvil que creció hasta convertirse en una de las apps de deporte más grandes de Europa. Under Armour la adquirió en 2015. La venta de Endomondo no es solo un hito financiero: es la evidencia de que Lykke sabía construir productos de consumo masivo en mercados fragmentados, con usuarios muy distintos entre sí, y llevarlos a escala antes de que hubiera un manual para hacerlo.
Cómo creció lo que construyó
La historia de cómo Lykke llegó a Too Good To Go es reveladora: en septiembre de 2016, en un autobús en Copenhague, una desconocida le mostró la aplicación en su teléfono. La plataforma llevaba ocho meses funcionando. Lykke invirtió en octubre de ese año y en la primavera de 2017 ya era su CEO. No hubo proceso largo de due diligence ni negociación extendida: reconoció el patrón de un problema real con una solución ejecutable y entró.
La clave del modelo es su simplicidad deliberada. Los negocios -restaurantes, panaderías, supermercados- venden al final del día una «Bolsa Sorpresa» con los excedentes a un tercio del precio de mercado. El cliente no sabe exactamente qué hay dentro. Too Good To Go cobra una comisión fija por bolsa más una suscripción anual al negocio. La opacidad del contenido no es un defecto: es lo que hace que el modelo sea sostenible para el comerciante, porque no tiene que etiquetar ni organizar el sobrante.
Bajo el liderazgo de Lykke, la empresa pasó de operar en Dinamarca a estar presente en más de 19 países en tres continentes. Esa expansión no fue simplemente replicar el modelo ciudad a ciudad: requirió adaptar la propuesta a regulaciones distintas, hábitos de consumo diferentes y estructuras de distribución muy dispares entre mercados del norte y sur de Europa, y luego en Norteamérica. En 2024, Too Good To Go invirtió en herramientas de forecasting con inteligencia artificial para ayudar a los retailers a predecir el excedente antes de que ocurra, piloteado en Alemania y el Reino Unido.
Lo que distingue a Lykke de otros CEOs de impacto es que no separó el negocio de la política. Too Good To Go lanzó una campaña transnacional en Suiza, Francia, Alemania y Dinamarca para cambiar el etiquetado de fechas en productos alimenticios, el llamado “Often Good After”, logrando que marcas de consumo masivo modificaran sus etiquetas. También presentaron evidencia ante el Parlamento Europeo y la Comisión Europea para influir en la regulación de desperdicio alimentario. La plataforma se convirtió en un actor de política pública, no solo en un marketplace. Los resultados financieros acompañaron: en 2024 la empresa reportó ingresos de 194 millones de euros y EBIT positivo por primera vez.
Qué hace interesante este caso desde M&A tech
La trayectoria de Lykke es relevante para el ecosistema M&A por una razón específica: construyó valor de red en un sector donde eso parecía imposible. El desperdicio alimentario no era un mercado, era un problema. Convertirlo en un marketplace bilateral con efectos de red, más negocios atraen más usuarios, más usuarios atraen más negocios, requirió una ejecución de producto y de go-to-market que pocos había logrado en el ámbito europeo de tech con impacto real.
Para un comprador o inversor que evalúe esta clase de activos, Too Good To Go demuestra algo concreto: que el impacto social no tiene que ser un costo de reputación, puede ser la fuente de ventaja competitiva. La campaña de etiquetado no fue filantrópica, fue una forma de amplificar el mercado direccionable. Las 180.000 empresas socias son una red de distribución que cualquier plataforma de retail o logística consideraría valiosa. Y la base de 120 millones de usuarios con una intención de compra declarada, ahorrar dinero y reducir desperdicio, es un activo de datos que va más allá del marketplace. La ronda de 300 millones de euros que la empresa está evaluando en 2025 es consistente con esa lectura.
Una pregunta abierta
Too Good To Go llegó a la rentabilidad en 2024, ocho años después de su lanzamiento. El EBIT fue positivo, pero ajustado: 1,8 millones de euros sobre ingresos de 194 millones. El margen es delgado para una empresa que se prepara para una ronda de crecimiento y una eventual salida a bolsa.
La pregunta que queda abierta es cuánto del valor de Too Good To Go está en el marketplace y cuánto está en Mette Lykke. Porque lo que construyó no es solo tecnología: es una marca con credibilidad política, una red con cobertura europea y una misión que genera adhesión orgánica. Si esos activos son transferibles a un comprador o dependen de su presencia, es la pregunta que cualquier proceso de M&A tendrá que responder.